040 | junio 2026


Qué inútil queda lo valioso de cada época —la memoria, la caligrafía, la lectura, el silencio—. Ni siquiera los anticuarios exageran su precio cuando lo ponen a la venta.

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En la juventud traumatizan los defectos de carácter que, en el curso de la vida, ahorran traumas mayores.

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Quien pronostica en exceso se suele reír de quien añora tiempos pretéritos, pero ambos padecen de idéntica sinsustancia de presente.

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Cuanto más aprende uno a vivir, más se ejercita también en su despedida. De ahí que sea esta una materia que no se imparte en ninguna escuela.

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Añoro la época en la que lo imaginario y fantasioso era considerado pernicioso para la verdad; que ahora resulte inocuo la debilita.

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Lo importuno avisa con su sobresalto de que aún no somos capaces, felizmente, de controlarlo todo.

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El límite que un cuesco establecía en las relaciones sociales ha quedado relegado a lo anecdótico.